Panleucopenia felina

En este artículo, os hablo de una de las enfermedades más graves que suelo tratar en el hospital: la panleucopenia felina.

El virus de la panleucopenia felina (FPV) es un parvovirus compuesto por una cadena simple de ADN y es genéticamente muy cercano al parvovirus canino (CPV), que posiblemente conozcáis más. El parvovirus canino surgió en los años 70 a partir de una mutación del FPV (CPV-2), aunque en sus inicios no podía replicarse en gatos. Sin embargo, posteriormente aparecieron las cepas CPV-2a, CPV-2b y, más recientemente, la variante 2c, que se adaptaron mejor al perro y adquirieron la capacidad de infectar y replicarse en gatos. No obstante, es difícil diferenciar estas cepas del FPV en gatos, aunque es poco frecuente que ocurra.

El FPV se transmite por contacto directo con cualquier secreción del animal enfermo (heces, saliva, secreciones nasales) o por ambientes contaminados por el virus. También es posible la transmisión transplacentaria de madres a crías en cualquier fase de la gestación.

Es un virus altamente resistente a factores físicos y químicos, capaz de soportar temperaturas extremas de hasta 56ºC durante 30 minutos. Por lo tanto, la mejor manera de inactivarlo es desinfectar con lejía diluida al 1/30 durante 10 minutos o con dióxido de cloro o peroximonosulfato potásico.

Cuando el animal entra en contacto con el virus, este penetra por vía oral y se replica en el tejido linfoide de la orofaringe. El período de incubación es de 5 a 7 días, hasta un máximo de 14 días, y el gato empieza a ser contagioso de 2 a 3 días antes de mostrar los signos clínicos. Tras este periodo, se produce una viremia con diseminación del virus por todo el cuerpo, afectando principalmente a los tejidos con alto índice mitótico, como:

  • Médula ósea: Produce inmunosupresión con neutropenia y linfopenia severa.
  • Intestino: Destruye las criptas intestinales. Si el gato además tiene parásitos o está infectado con el coronavirus felino, las lesiones serán peores.
  • Nódulos linfáticos y bazo: Produce necrosis y linfocitolisis.
  • Timo: Causa atrofia.
  • Ojos: Puede producir displasia de retina y lesiones en el nervio óptico.

Cuando el virus ha invadido estos órganos, comenzamos a ver los síntomas en el animal. Estos incluyen:

  • Fiebre de 40-41ºC (aunque puede estar enmascarada si el animal está muy deshidratado, ya que puede producir hipotermia).
  • Anorexia y decaimiento.
  • Vómitos y diarrea aguda (aunque la diarrea es menos frecuente que los vómitos).
  • En casos graves, si se produce sepsis por neutropenia y destrucción intestinal, el cuadro será más severo, apareciendo ictericia, úlceras bucales, diarrea hemorrágica y coagulación intravascular diseminada (CID).

En gatas gestantes, los efectos dependen de la fase de gestación:

  • Primer tercio: Infertilidad y reabsorción fetal.
  • Segundo tercio: Aborto y expulsión de fetos momificados.
  • Tercer tercio: Los gatitos pueden nacer con lesiones en la retina, cerebro (hidrocefalia), cerebelo (hipoplasia cerebelar), miocarditis y cardiomiopatía. Si sobreviven, pueden desarrollar ataxia por hipoplasia cerebelar a las 2-3 semanas de vida, la cual es irreversible.

El diagnóstico puede ser complicado y debe basarse en:

  • Signos clínicos: Fiebre, apatía, deshidratación, anorexia, vómitos, diarrea.
  • Cambios hematológicos: Leucopenia (más pronunciada cuanto más grave es la enfermedad), anemia leve, trombocitopenia, elevación de ALT, AST, bilirrubina y azotemia prerrenal por deshidratación.
  • Tests comerciales: Inmunocromatografía o ELISA de parvovirus canino para detectar antígeno viral en heces (pueden ocurrir falsos negativos por eliminación intermitente del virus, o falsos positivos, especialmente si ha sido vacunado recientemente).
  • PCR en sangre y heces: Puede ser útil, pero limitada por la fase de la enfermedad o eliminación intermitente del virus.

Una vez confirmado el diagnóstico, el tratamiento debe iniciarse de inmediato:

  • Fluidoterapia intravenosa para corregir la deshidratación (Ringer lactato). Si hay hipopotasemia, se debe suplementar con potasio y, si hay sepsis o hipoglucemia, añadir suero con dextrosa al 2,5-5%.
  • Control de hipoalbuminemia: Transfusiones de plasma o sangre entera, o coloides sintéticos (Dextran 70 o Hemohes 6%).
  • Tratamiento de vómitos: Con metoclopramida (1 mg/kg/24 h en infusión continua o 0,5-1 mg IM o SC cada 6-8 horas) o maropitant (0,5-1 mg/kg/día).
  • Si hay anorexia podemos usar sondas nasales o tubos de esofagostomía. También, como apoyo, podemos usar estimulantes del apetito como, por ejemplo: complejo vitamínico B, ciproheptadina (2mg/gato/PO cada 12 horas), mirtazapina (1,88mg/PO/24h).
  • Antibioterapia de amplio espectro: Si la neutropenia es leve podemos usar amoxicilina-clavulánico 12,5-25 mg/kg cada 12 horas o si la neutropenia es moderada/severa podemos combinar Amoxicilina-clavulánico + enrofloxacino (0,5ml/kg/12h) o aminoglucósidos (gentamicina 5-10mg/kg/24horas) o cefalosporinas (cefadroxilo 22mg/kg/12-24h)
  • Analgesia: Buprenorfina (0,02-0,04 mg/kg cada 6-12 horas).
  • Por último, como tratamiento antiviral, nos podemos plantear el uso de inmunomodulares como el interferón omega felino, aunque no hay estudios definitivos que avalen su eficacia en el tratamiento de la panleucopenia felina. Aún así, la eficacia probada en perros con CPV sugiere que podría ser beneficioso en gatos por su efecto antivírico.
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El pronóstico y la mortalidad dependen del tratamiento, gravedad, edad y estado inmunológico del gato.

La vacunación es la mejor manera de prevenir esta enfermedad, ya que las vacunas actuales ofrecen una excelente protección. Disponemos de vacunas vivas atenuadas y vacunas inactivadas.

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