La ciencia confirma la sensibilidad y sufrimiento de los animales: es momento de cambiar nuestra relación
Numerosos estudios científicos demuestran que muchos animales, desde cerdos hasta pulpos, poseen altos niveles de inteligencia, capacidades cognitivas complejas y sienten dolor y estrés de forma similar a los humanos. A pesar de ello, cada año más de 80.000 millones de estos seres sintientes son sometidos a confinamientos y muertes programadas para alimentación, experimentación y uso en espectáculos. La neurociencia ha mapeado con precisión los circuitos del dolor en distintas especies, y evidencias como el aumento de cortisol en cerdos transportados al matadero o comportamientos de estrés postraumático en elefantes en circos revelan que anticipan y temen el sufrimiento. Instituciones como la Declaración de Cambridge sobre la Conciencia apoyan esta visión científica. Además, alternativas tecnológicas y comerciales ya existen para eliminar el sufrimiento innecesario, como cosméticos sin experimentación animal o materiales alternativos al cuero. Sin embargo, la sociedad continúa financiando el sufrimiento animal no por necesidad, sino por inercia y costumbre. El artículo plantea así una cuestión de coherencia ética profunda: si no haríamos daño innecesario a un perro, ¿por qué seguir permitiéndolo con otros animales que sienten igual? La decisión está en manos de la sociedad para dejar atrás prácticas innecesarias e injustificables científicamente y moralmente.
