De nacer en la calle a servir para seis primeros ministros británicos: el gato Larry cumple 15 años en Downing Street

Larry, el gato de Downing Street, cumple 15 años como símbolo de estabilidad política en el Reino Unido
Foto: 20 Minutos

Larry, el gato de Downing Street, cumple 15 años como símbolo de estabilidad política en el Reino Unido

Larry, el famoso gato residente en el número 10 de Downing Street, celebra 15 años como Jefe Cazador de Ratones de la Oficina del Gabinete británico. Su historia es singular: pasó de ser un gato callejero a convertirse en una de las figuras más estables y reconocibles del poder político del Reino Unido. Fue adoptado en 2011 desde el refugio Battersea Dogs and Cats Home por el entonces primer ministro David Cameron, tras detectarse un problema de roedores en la sede gubernamental.

Desde entonces, Larry ha convivido con seis primeros ministros y ha sido testigo silencioso de etapas políticas muy distintas, ganándose un estatus casi institucional. Más allá de su función simbólica como cazador, sus tareas oficiales incluyen recibir a los invitados, supervisar la seguridad y comprobar la comodidad de los muebles para dormir la siesta. Su carácter independiente y despreocupado lo ha convertido en un icono mediático, con cientos de miles de seguidores en redes sociales.

Larry es conocido por colarse en fotografías oficiales junto a líderes internacionales y por su actitud calmada en medio de la agitación política. Fotógrafos y periodistas destacan su capacidad para aparecer justo en los momentos clave, robando protagonismo a mandatarios de todo el mundo. Aunque sus habilidades como cazador han sido objeto de bromas, se le ha visto capturar ratones en algunas ocasiones.

A lo largo de los años, ha compartido Downing Street con otras mascotas, a veces con cierta tensión, y protagonizó una conocida rivalidad con Palmerston, el gato del Ministerio de Exteriores. Ya mayor, Larry sigue patrullando su territorio con menos energía, pero mantiene intacto su papel como símbolo de continuidad y estabilidad. Para muchos, su presencia demuestra que, en política, incluso un gato puede representar calma y consenso.

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